Supongo que les llama a muchos diseñadores pero nos llama mucho la atención cuando vemos algo que está fuera de lugar. Y en mi calle hay alguna pieza que no encaja. En los meses de confinamiento eché mucho de menos el mar y pasear, cuando se podía por el barrio se convirtió en una nueva manera de ver el mundo. El cercano al que muchas veces no le damos la atención que merece pero que es muy interesante. Además, para un diseñador, entrenar la mirada es un gran ejercicio.

Saqué algunas fotos y cuando las revisaba en casa me di cuenta de los patrones, los cientos de posibilidades y como se podría dar forma a algo que reflejase, con muy pocos elementos, la esencia del lugar en el que me muevo. Se que no es una baldosa tan famosa como la de Bilbao o Barcelona, se que está en otras ciudades pero para mi es la base sobre la que paseaban mis padres cuando llovía o ayudé a mi hija a dar sus primeros pasos. Ahora que viajar es más difícil tenemos que aprender a ver con más cariño lo que tenemos cerca.