Siempre se habla de las fortalezas, de competir, de ser el mejor, de no mostrar nuestros puntos flacos… es un discurso que no va conmigo, creo mucho más en la diferencia, en contar no solo lo bueno, la historia del que no gana. El pasar mucho tiempo solo me ha hecho reflexionar e intentar ver la vida desde otro punto de vista.

Hace ya muchos años leí un fragmento de un libro, que hablaba de como a un pintor impresionista le habían colocado unos lentes y los había rechazado horrorizado. No quería ver la vida tan nítidamente. Y es que los cuadros tan hermosos que pintaba, eran un reflejo de su manera de ver el mundo: difusa, suave, poética… y miope. Ellos fueron el último movimiento artístico que tiene en la belleza su base. Y no fue hasta que compré mi primera reflex, de segunda mano, cuando me di cuenta de que lo que muchos buscaban en sus imágenes, primeros planos hipernítidos y fondos desenfocados, era la manera en la que veía  el lugar que habito desde los diez años.

Por eso creo que las debilidades influyen claramente en nuestra personalidad y deben ser percibidas como lo que son, las cosas que nos hacen diferentes. Circunstancias que aparentemente no parecen positivas como la soledad, el aburrimiento, un rasgo físico fuera del estándar… y por supuesto defectos en la visión pueden aislarnos o si sabemos aprovecharlos hacernos personas más interesantes. Es labor nuestra.

Mi trabajo trata de replicar la manera en que yo veo mi habitare. Un mundo cercano que se desvanece si está a más de 15 centímetros de mis ojos. Por eso intento que las cosas que me importan, un libro o los labios de mi chica, nunca superen esa distancia.

Ama y comprende tus debilidades, son las que realmente te hacen ser auténtico.